LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER...
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jueves, 20 de mayo de 2010

CARTA DE UN FUNCIONARIO A SU BANCO

CARTA DE UN FUNCIONARIO A SU BANCO:

Muy señores míos:

Por la presente lamento comunicarles que he decidido pagar un 5% menos en el
recibo mensual de la hipoteca que tengo con su banco. Ha sido una decisión
difícil , muy difícil y dolorosa , pero me es imprescindible recortar
gastos para salvar mi economía particular y reducir mi déficit.

En situaciones como ésta es cuando todos debemos arrimar el hombro por lo
que les pido comprensión y solidaridad.

Al fin y al cabo yo, como el resto de ciudadanos, colaboré en su día en la
inyección de liquidez que recibieron ustedes para salvar el sistema
financiero.

En realidad me he visto forzado a tomar esta decisión porque mis padres, al
ver el saldo de mi cuenta corriente, temen verse en la obligación de dejarme
dinero y ustedes, como banqueros que son, saben mejor que nadie que no tiene
sentido poner capital si no es para conseguir pingües beneficios.

Me he informado y sé que es lícito tomar este tipo de decisiones de forma
unilateral y sin previa negociación (Hay precedentes, ver declaraciones del
Presidente del Gobierno en el parlamento el pasado 12 de mayo).

Aprovecho la ocasión para comunicarles que ya dispongo de suficientes
sartenes y no necesito que me regalen ninguna más.

Atentamente,

Un funcionario hipotecado.

sábado, 8 de mayo de 2010

PAKITO EL LATERO

Claro que si ! Ya está aquí la nueva estrella de Ravaliwood " Pakito latero " presentándonos el video clip musical (cutredance) de animación donde se busca la vidilla vendiendo latas de cerveza por las calles de Barcelona.

jueves, 6 de mayo de 2010

KIWI

Vuela el ave hacia sus sueños...

Debemos arrojar a los oceanos del tiempo una botella de náufragos siderales, para que el universo sepa de nosotros lo que no han de contar las cucarachas que nos sobrevivirán: que aqui existió un mundo donde prevalació el sufrimiento y la injusticia, pero donde conocimos el amor y donde fuimos capaces de imaginar la felicidad.
*García Marquez

domingo, 26 de abril de 2009

JUAN EL BOBO


Allá en el campo, en una vieja mansión señorial, vivía un anciano propietario que tenía dos hijos, tan listos, que con la mitad hubiera bastado. Los dos se metieron en la cabeza pedir la mano de la hija del Rey. Estaban en su derecho, pues la princesa había mandado pregonar que tomaría por marido a quien fuese capaz de entretenerla con mayor gracia e ingenio.
Los dos hermanos estuvieron preparándose por espacio de ocho días; éste era el plazo máximo que se les concedía, más que suficiente, empero, ya que eran muy instruidos, y esto es una gran ayuda. Uno se sabía de memoria toda la enciclopedia latina, y además la colección de tres años enteros del periódico local, tanto del derecho como del revés. El otro conocía todas las leyes gremiales párrafo por párrafo, y todo lo que debe saber el presidente de un gremio. De este modo, pensaba, podría hablar de asuntos del Estado y de temas eruditos. Además, sabía bordar tirantes, pues era fino y ágil de dedos.
-Me llevaré la princesa -afirmaban los dos; por eso su padre dio a cada uno un hermoso caballo; el que se sabía de memoria la enciclopedia y el periódico, recibió uno negro como azabache, y el otro, el ilustrado en cuestiones gremiales y diestro en la confección de tirantes, uno blanco como la leche. Además, se untaron los ángulos de los labios con aceite de hígado de bacalao, para darles mayor agilidad. Todos los criados salieron al patio para verlos montar a caballo, y entonces compareció también el tercero de los hermanos, pues eran tres, sólo que el otro no contaba, pues no se podía comparar en ciencia con los dos mayores, y, así, todo el mundo lo llamaba el bobo.
-¿Adónde vais con el traje de los domingos? -preguntó.
-A palacio, a conquistar a la hija del Rey con nuestros discursos. ¿No oíste al pregonero? -y le contaron lo que ocurría.
-¡Demonios! Pues no voy a perder la ocasión -exclamó el bobo-. Y los hermanos se rieron de él y partieron al galope.
-¡Dadme un caballo, padre! -dijo Juan el bobo-. Me gustaría casarme. Si la princesa me acepta, me tendrá, y si no me acepta, ya veré de tenerla yo a ella.
-¡Qué sandeces estás diciendo! -intervino el padre-. No te daré ningún caballo. ¡Si no sabes hablar! Tus hermanos es distinto, ellos pueden presentarse en todas partes.
-Si no me dais un caballo -replicó el bobo- montaré el macho cabrío; es mío y puede llevarme.
Se subió a horcajadas sobre el animal, y, dándole con el talón en los ijares, emprendió el trote por la carretera. ¡Vaya trote!
-¡Atención, que vengo yo! -gritaba el bobo; y se puso a cantar con tanta fuerza, que su voz resonaba a gran distancia.
Los hermanos, en cambio, avanzaban en silencio, sin decir palabra; aprovechaban el tiempo para reflexionar sobre las grandes ideas que pensaban exponer.
-¡Eh, eh! -gritó el bobo, ¡aquí estoy yo! ¡Mirad lo que he encontrado en la carretera!-. Y les mostró una corneja muerta.
-¡Imbécil! -exclamaron los otros-, ¿para qué la quieres?
-¡Se la regalaré a la princesa!
-¡Haz lo que quieras! -contestaron, soltando la carcajada y siguiendo su camino.
-¡Eh, eh!, ¡aquí estoy yo! ¡Miren lo que he encontrado! ¡No se encuentra todos los días!
Los hermanos se volvieron a ver el raro tesoro.
-¡Estúpido! -dijeron-, es un zueco viejo, y sin la pala. ¿También se lo regalarás a la princesa?
-¡Claro que sí! -respondió el bobo; y los hermanos, riendo ruidosamente, prosiguieron su ruta y no tardaron en ganarle un buen trecho.
-¡Eh, eh!, ¡aquí estoy yo! -volvió a gritar el bobo-. ¡Voy de mejor en mejor! ¡Arrea! ¡Se ha visto cosa igual!
-¿Qué has encontrado ahora? - preguntaron los hermanos.
-¡Oh! -exclamó el bobo-. Es demasiado bueno para decirlo. ¡Cómo se alegrará la princesa!
-¡Qué asco! -exclamaron los hermanos-. ¡Si es lodo cogido de un hoyo!
-Exacto, esto es -asintió el bobo-, y de clase finísima, de la que resbala entre los dedos - y así diciendo, se llenó los bolsillos de barro.
Los hermanos pusieron los caballos al galope y dejaron al otro rezagado en una buena hora. Hicieron alto en la puerta de la ciudad, donde los pretendientes eran numerados por el orden de su llegada y dispuestos en fila de a seis de frente, tan apretados que no podían mover los brazos. Y suerte de ello, pues de otro modo se habrían roto mutuamente los trajes, sólo porque el uno estaba delante del otro.
Todos los demás moradores del país se habían agolpado alrededor del palacio, encaramándose hasta las ventanas, para ver cómo la princesa recibía a los pretendientes. ¡Cosa rara! No bien entraba uno en la sala, parecía como si se le hiciera un nudo en la garganta, y no podía soltar palabra.
-¡No sirve! -iba diciendo la princesa-. ¡Fuera!
Llegó el turno del hermano que se sabía de memoria la enciclopedia; pero con aquel largo plantón se le había olvidado por completo. Para acabar de complicar las cosas, el suelo crujía, y el techo era todo él un espejo, por lo cual nuestro hombre se veía cabeza abajo; además, en cada ventana había tres escribanos y un corregidor que tomaban nota de todo lo que se decía, para publicarlo enseguida en el periódico, que se vendía a dos chelines en todas las esquinas. Era para perder la cabeza. Y, por añadidura, habían encendido la estufa, que estaba candente.
-¡Qué calor hace aquí dentro! -fueron las primeras palabras del pretendiente.
-Es que hoy mi padre asa pollos -dijo la princesa.
-¡Ah! -y se quedó clavado; aquella respuesta no la había previsto; no le salía ni una palabra, con tantas cosas ingeniosas que tenía preparadas.
-¡No sirve! ¡Fuera! -ordenó la princesa. Y el mozo hubo de retirarse, para que pasase su hermano segundo.
-¡Qué calor más terrible! -dijo éste.
-¡Sí, asamos pollos! -explicó la hija del Rey.
-¿Cómo di... di, cómo di... ? -tartamudeó él, y todos los escribanos anotaron: «¿Cómo di... di, cómo di... ?».
-¡No sirve! ¡Fuera! -decretó la princesa.
Le tocó entonces el turno al bobo, quien entró en la sala caballero en su macho cabrío.
-¡Demonios, qué calor! -observó.
-Es que estoy asando pollos -contestó la princesa.
-¡Al pelo! -dijo el bobo-. Así, no le importará que ase también una corneja, ¿verdad?
-Con mucho gusto, no faltaba más -respondió la hija del Rey-. Pero, ¿traes algo en que asarla?; pues no tengo ni puchero ni asador.
-Yo sí los tengo -exclamó alegremente el otro-. He aquí un excelente puchero, con mango de estaño.
Y, sacando el viejo zueco, metió en él la corneja.
-Pues, ¡vaya banquete! -dijo la princesa-. Pero, ¿y la salsa?
-La traigo en el bolsillo -replicó el bobo-. Tengo para eso y mucho más.
Y se sacó del bolsillo un puñado de barro.
-¡Esto me gusta! -exclamó la princesa-. Al menos tú eres capaz de responder y de hablar. ¡Tú serás mi marido! Pero, ¿sabes que cada palabra que digamos será escrita y mañana aparecerá en el periódico? Mira aquella ventana: tres escribanos y un corregidor. Este es el peor, pues no entiende nada.
-Desde luego, esto sólo lo dijo para amedrentar al solicitante. Y todos los escribanos soltaron la carcajada e hicieron una mancha de tinta en el suelo.
-¿Aquellas señorías de allí? -preguntó el bobo-. ¡Ahí va esto para el corregidor!
Y, vaciándose los bolsillos, arrojó todo el barro a la cara del personaje.
-¡Magnífico! -exclamó la princesa-. Yo no habría podido. Pero aprenderé.
Y de este modo Juan el bobo fue Rey. Obtuvo una esposa y una corona y se sentó en un trono
Y todo esto lo hemos sacado del diario del corregidor, lo cual no quiere decir que debamos creerlo a pies juntillas.

(*)Fuente: Hans Christian Andersen

jueves, 23 de abril de 2009

LA SILLA


El profesor de filosofía entra al aula, pone una silla encima de la mesa y escribe en la pizarra: Pruébenme, por escrito, que esta silla no existe.
Con prisa, los alumnos comienzan a escribir largos razonamientos sobre el tema. Sin embargo, uno de los alumnos escribe sólo dos palabras en una hoja de papel y se la entrega al profesor.
Éste, cuando la recibe, muestra una amplia sonrisa después de leer:
-“¿Qué silla?”.
Dicen que ser inteligente es tener simplicidad para resolver problemas.

miércoles, 22 de abril de 2009

LA LÓGICA


Un joven que había estudiado lógica, acudió a un rabino y solicitó ser instruido en el Talmud."
-¿Lógica?" - preguntó el rabino - "dudo que eso sea suficiente para estudiar el Talmud, pero te haré una prueba.
Supongamos que dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia
-¿Cuál se lava la cara?"
-Eso es fácil, el de la cara sucia" - respondió el estudiante
-"Incorrecto" - dijo el rabino - "el de la cara limpia.
Veamos: el de la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara también está limpia. El de la cara limpia mira al de la sucia y piensa que su cara está sucia, así que él se lava la cara.
-"No pensé en eso" - admitió el joven - "deme otra oportunidad".
-"Volvamos a empezar. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia:
-¿Cuál se lava la cara?" - Planteó el rabino.
-"Hace poco hemos respondido, aquel con la cara limpia" - contestó el estudiante.
-"No. Ambos se lavan la cara - dijo el rabino:
- Aquel con la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara está limpia también. Pero el de la cara limpia mira al de la sucia, y piensa que su cara también lo está, entonces se lava. Cuando el de la cara sucia ve que el de la limpia lava su cara, él también se lava. Por lo tanto ambos lavan su cara".
-"No me di cuenta de esa alternativa" - expresó el joven - "deme otra oportunidad".
-"Está bien. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia:
-¿Cuál se lava la cara?" - Preguntó el rabino.
-"Ambos lavan su cara" - respondió con énfasis el estudiante.
-"No. Ninguno de los dos". - Dijo el rabino - "Aquel con la cara sucia mira al de la limpia y piensa que la suya también lo está. El de la cara limpia mira al de la sucia, y piensa que su cara también está sucia. Pero cuando él ve que el hombre de la cara sucia no se lava, él tampoco se lava. Por lo tanto ninguno se lava.
-"Una última oportunidad y le demostraré que puedo estudiar Talmud" - pidió el joven.
"Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia:
-¿Cuál se lava la cara?" - Volvió a plantear el rabino.
-"Ninguno" - exclamó triunfalmente el estudiante.
-"¿Ves ahora por que la lógica no es suficiente para estudiar el Talmud? ¿Cómo es posible que dos hombres que bajan por la misma chimenea, uno salga con la cara sucia y otra con la cara limpia? ¿No ves que la pregunta es tonta? Y si intentas contestar preguntas tontas, tu respuesta será tonta. Así que aprende algo más de lógica antes de que intentes estudiar el Talmud." - Sugirió el rabino.

sábado, 13 de diciembre de 2008

EL HUMOR DE DIOS


Dios y el humor
Tres historias diferentes, llenas de alegría. Tres anécdotas en las que la soberbia juega malas pasadas a los protagonistas, más preocupados por cuidar las apariencias que por la rectitud de sus acciones.


TRES MUJERES Y SUS HIJOS
Tres mujeres hablan sobre las bondades de sus hijos. Dice la primera:
–Estoy contenta de que se haya dedicado al sacerdocio: cada vez que entra en una sala, la gente lo mira con respeto y dice: "¡Padre!"
Los ojos de la segunda brillan, y comenta:
–Yo estoy más contenta todavía; mi hijo no sólo se ha dedicado al sacerdocio, sino que hasta lo han nombrado cardenal. Así, cuando entra en una sala, la gente baja respetuosamente la cabeza, le besa la mano y dice: "¡Su Eminencia!"
La tercera mujer permanece en silencio. Las otras dos giran hacia ella y le preguntan:
–¿Y tu hijo?
–Bueno, mi hijo..., mide un metro ochenta, es rubio, tiene ojos azules. Cada vez que entra en una sala, la gente lo mira y dice: "¡Dios mío!"


EL TAXISTA Y EL PADRE
Cuando el padre murió, fue directo al paraíso. Al llegar allí, fue bien recibido por San Pedro. Paseando por los jardines, de repente se dio cuenta de que un taxista de su parroquia, que había fallecido algunos años antes en un accidente de coche porque conducía muy mal, ocupaba una esfera más alta en la jerarquía celeste.
–No lo entiendo –se quejó el padre a San Pedro–. Dediqué mi vida entera a mi congregación, ¡y ese hombre no hizo nada para merecer estar aquí!
–Bueno, aquí en el cielo siempre damos importancia a los resultados. Contéstame a una cosa: ¿la gente estaba siempre atenta a lo que decías?
–La verdad: debo confesar que no siempre conseguía expresar de forma clara la importancia de la fe. A veces veía que mis parroquianos se dormían durante los sermones. –Pues ahora entiendes por qué este taxista tiene tantos privilegios aquí. Cuando la gente subía a su taxi, hasta los ateos se convertían: la gente no sólo permanecía despierta todo el rato, sino que no paraba de rezar.


MANTENER LA PALABRA DADA
Dos hermanos, de pésimo carácter, acostumbraban explotar a los trabajadores de su aldea. Pero, para mantener las apariencias, frecuentaban la iglesia los domingos.
El antiguo pastor decidió jubilarse y enviaron a otro a ocupar su lugar: un hombre joven, con fama de decir siempre la verdad y poseedor de un inmenso carisma.
Lleno de entusiasmo, este pastor decidió emprender una serie de reformas en el templo. Cuando comenzó la colecta de donaciones entre los fieles, uno de los malvados hermanos murió.
En la víspera del entierro, el otro hermano buscó al pastor y le entregó un cheque por la cantidad necesaria para terminar las obras que estaban realizando.
–Pero hay una condición –dijo–. Mañana, llegado el momento de encomendar el cuerpo, deberá decir que mi hermano fue un verdadero santo. Sé que usted jamás falta a la palabra dada.
El pastor prometió hacer lo que le pedía, aceptó el cheque y lo cobró.
Al día siguiente, cumplió su palabra:
–Este hombre fue una mala persona –dijo durante la ceremonia–. Explotaba a los más pobres, prestaba dinero con intereses draconianos, engañaba a su esposa y abusaba de los más débiles.
Tras una pausa, concluyó:
–Sin embargo, comparado con su hermano, que todavía está entre nosotros, el muerto fue un verdadero santo.

(*)Fuente: © Paulo Coelho.

viernes, 28 de noviembre de 2008

CONTACTA CON TUS EMOCIONES


Hay una línea muy sutil entre reprimir nuestras emociones y apagar nuestro sistema reactivo. La restricción crea una lucha momentánea, pero casi inmediatamente hay calma y claridad. Por otro lado, reprimir nuestras emociones crea estrés a largo plazo. Poco a poco, las emociones reprimidas adquieren fuerza. La presión crece y, eventualmente, ¡Explotamos!
Hoy, contacta con tus emociones. ¿Qué estás conteniendo? Permítete sentirlo. Hay algo ahí de lo que puedes aprender.

viernes, 10 de octubre de 2008

EL IDIOTA


Se cuenta que en una ciudad del interior un grupo de personas se divertía con un idiota de la aldea. Un pobre infeliz, de poca inteligencia, vivía de pequeños trapicheos y limosnas. Diariamente ellos llamaban al idiota al bar donde se reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas: una grande de 50 céntimos de euro y otra menor, de un euro . Él siempre escogía la mayor y menos valiosa, lo que era motivo de risas para todos. Cierto día, uno de los miembros del grupo le llamó y le preguntó si todavía no había percibido que la moneda mayor valía menos. - Lo sé, respondió, no soy tan bobo. Ella vale mucho menos, pero el día que escoja la otra, el jueguecito acaba y no voy a ganar más mi moneda. Se pueden sacar varias conclusiones de esta pequeña historia: La primera: Quién parece idiota, no siempre lo es. La segunda: ¿Cuáles eran los verdaderos idiotas de la historia? La tercera: Si tú fueses ambicioso, ¿acabarías cortando tu fuente de ingresos?. Pero la conclusión más interesante es: La percepción de que podemos estar bien, aún cuando los otros no tengan una buena opinión sobre nosotros mismos. Por lo tanto, lo que importa no es lo que piensan de nosotros, pero sí, lo que realmente somos.
El mayor placer de un hombre inteligente es aparentar ser idiota delante
de un idiota que aparenta ser inteligente.

martes, 7 de octubre de 2008

EL MAESTRO PERFECTO


Cierto hombre decidió que tenía que buscar al Maestro Perfecto. Leyó muchos libros, visitó sabio tras sabio, escuchó, conversó y observó sus prácticas espirituales, pero siempre acababa dudando o sin estar seguro. Transcurrieron veinte años hasta que encontró a un hombre del que cada palabra y cada acción correspondía a su idea del hombre totalmente realizado. El viajero no perdió el tiempo: "Tú", dijo, "me pareces el Maestro Perfecto. Si lo eres, mi búsqueda ha terminado". "Ciertamente, se me describe con este nombre", replicó el Maestro. "Entonces, te ruego que me aceptes como discípulo." "No puedo hacer eso", contestó el Maestro, "porque mientras que desees el Maestro Perfecto, él, a su vez, requiere sólo al Discípulo Perfecto".
(*)Fuente: De Idries Shah
Colección: "LA SABIDURÍA DE LOS IDIOTAS"

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